JUDÍOS PARA LA OCASIÓN

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Por Roberto Rodríguez Marchena

Judío sefardí por ancestros, educado por jesuitas y casado con una descendiente de palestinos, la “culpabilidad judía” me resulta muy cercana y familiar.
De la “culpabilidad judía” en la crucifixión de Jesús dan cuenta los Evangelios. Aunque historiadores cristianos y judíos prefieren señalar como responsable al poder político romano entonces asediado por frecuentes rebeliones en Palestina y, como se sabe, Jesús fue un rebelde.
Para más inri, soy peledeísta y fui funcionario en los gobiernos del PLD, a quienes, el actual gobierno pretende convertir en culpables de todos los males, habidos y por haber, creados y no creados, reales o inventados, no sin antes auto concederse la potestad de condenar secula seculorum a los y las peledeístas, empleados o no, como ocurrió con los judíos.
De modo pues y para no pecar de maleducado, no debo seguir escribiendo sin decirte con alegría judía: ¡shalom!
La “culpabilidad judía” ha perdurado a lo largo de los siglos -como registran los libros de historia- por su eficacia probada para desfogar y desviar en “pogromos” la ira de ignorantes, pobres y oprimidos causada por sus condiciones materiales de existencia; también en las luchas de y por el poder, por acumular riquezas bajo formas horrendas como la Inquisición y el Holocausto.
Muy bien lo deja esclarecido Benzion Netanyahu (padre del actual primer ministro israelí) en su voluminoso ensayo sobre los orígenes de la Inquisición en España.
La matriz de comunicación “culpabilidad judía” experimentó mutaciones notables en los años 80 del siglo pasado que sirvieron en la aplicación de políticas neoliberales y en estos tiempos es utilizada para alimentar las pujas de la extrema derecha política en varios países del
mundo, incluido el nuestro, República Dominicana..
Así, por ejemplo, no
debe sorprender que se esté aplicando para demonizar, es decir, para destruir la reputación de los políticos (“son todos unos ladrones y corruptos, culpables de las carencias populares); para humillar a los empleados públicos (“botellas, vagos que viven de los impuestos que pagan los abnegados y sufridos miembros de la clase media”).
Igualmente, para intentar deslegitimar la victoria electoral de un adversario político (“truchimán, ganó con fraude”); para negar la identidad a gays y lesbianas (“degenerados contra natura”); acosar a ateos y librepensadores (“inmorales relativistas”).
También, para ridiculizar la lucha de las feministas por los derechos de las mujeres (en otros tiempos “brujas”); para promover la desconfianza hacia jóvenes con tatuajes, cortes y tintes “extraños” en el pelo (“subnormales”) o instigar el odio contra trabajadores y parturientas migrantes (“invasores que roban empleos, dañan costumbres y se apropian del gasto social”).
Soberbios, estos alucinados personajes estigmatizan, ponen etiquetas, marcan con odio caliente “carentes de virtud”, “pecadores endemoniados”, a todos aquellos y aquellas que les parecen diferentes, que no comulgan con sus creencias, que les resultan insoportables a sus estereotipos y pretenden exorcizarles mediante la humillación, la hoguera mediática o el ostracismo (la invisibilidad social).
Con desparpajo se presentan en los mercados de los afectos y tristezas populares como redentores de un supuesto pecado…pecando contra los “culpables judíos de ocasión”.
Shabat shalom.
@Rodrigmarchena

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